Daniel Pinilla

Periodista y escritor. Con ganas de aprender siempre

Pasa adelante. Estás en tu casa

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Reflexiones urbi et orbe

El 1-O, la ley del embudo y la culpa de todos

El próximo uno de octubre espero estar en Cuba (Dm), patria originaria de la bandera que hoy, convenientemente tuneada, representa al independentismo catalán. Sinceramente no sé qué va a ocurrir ese día. Por apostar diría que no habrá consecuencias reales inmediatas en cuanto a una escisión, pero se habrá estado tan cerca que puede que no quede más remedio que buscar una solución negociada de igual a igual, porque una parte se habrá empequeñecido tanto y la otra habrá aumentado de tamaño cual tumor. Llegar a este punto tan surrealista en el que un Estado (la nación más antigua de Europa) lleva años financiando su propia implosión se debe, entre otros muchos factores, a los siguientes: Pasqual Maragall decidió en 2003 dar un volantazo al PSC y descarrilar a un tripartito en el que traicionó a su propio electorado y asumió el ideario de ERC, lo que desembocó en el Pacto de Tinell y en una dialéctica falsaria en la que se habla abiertamente de dos legalidades, la española y la catalana, cuando según la Constitución (votada también por los catalanes), sólo hay una legalidad posible, la que reside en todos (he dicho todos) los españoles. El PSC huyó hacia adelante y apostó por un imposible para sobrevivir: el federalismo asimétrico, lo que es inviable por defecto, ya que lo federal es la unión entre iguales y no entre desiguales. Se abrió la puerta a una temeraria reforma del Estatuto que no había sido ni propuesta por Pujol. Zapatero anunció que acataría lo que se decidiera en Barcelona (aun antes de haberse decidido nada) y pronunció aquella memez de... leer más