Leo: “El urbanismo desde hace más de 20 años estudia de qué manera la configuración urbana, el reparto de los espacios públicos y privados afecta de manera distinta a los hombres y a las mujeres; a los niños y a los ancianos. (…) Por supuesto en términos de género hay impacto en muchísimas cuestiones que tienen que ver con el urbanismo; por supuesto también con el soterramiento de la M-30″. Bajo este argumento tan endeble se esconde el gasto de dinero (público, por supuesto; ningún defensor de la igualdad de género saca su cartera para respaldar su ideario) por un informe solicitado por el Ayuntamiento de Madrid. 

Me voy ahora a Andalucía, donde el Instituto Andaluz de la Mujer y el Instituto Andaluz de la Juventud han presentado la campaña #NoSeasAnimal contra el acoso sexual callejero, una “práctica socialmente aceptada que normaliza el papel de las mujeres como objeto sexual”, según estos organismos. Traducción a un idiolecto no tan cursi: técnicamente el piropo ha muerto. Si usted se cruza con su vecina de sesenta años y le comenta con gracia y respeto que está radiante, la habrá cosificado, término habitual de denuncia por parte de la patulea de analfabetos funcionales que ocupa la mayoría de sillones gubernamentales.

Quizás el gigante intelectual que ha abanderado este frenesí pro-igualdad-en-todo-por-cojones sea el expresidente Rodríguez Zapatero, quien todavía alardea de haber formado el primer gobierno paritario, en el que había igual cantidad de miembros memos hombres y mujeres, porque al parecer lo fundamental no es que sean los más brillantes (fueran todos hombres o todos mujeres), sino que pertenecieran a una cuota concreta que diera apariencia de buenismo a una propuesta tan aberrante.

La escalada igualitaria no tiene fin, Se ha pasado de condenar actitudes delictivas (lo que es justo y necesario) a la imposición de una moralina absurda donde bajo la bandera de la cosa esta del género se dilapida el dinero de nuestros impuestos y se adoctrina. Piropear se va a convertir, por tanto, en una actitud subversiva y de combate ante esta ideología totalitaria de pitiminí. ¡Vaya cosa guapa!